Utopía en la Política Ecuatoriana
En temas de política no hay como darle consejos al Gobierno pues le va bien y no los necesita, pero con la oposición es otro el cantar. No logran contextualizar el presente ni establecer escenarios para el futuro, salvo en lo personal. Son excluyentes, lo saben todo y solo aspiran a ser electos; mucho más, si se cobijan bajo el ala del espejo y el coro de los acólitos.
En estas condiciones el triunfo de la reelección es seguro y con suerte -ante tanta dispersión- con abundancia de votos. Por tanto, apelando al derecho consagrado en la Constitución del Buen Vivir, se puede ejercer la utopía, que incluye la posibilidad de proponer adefesios.
LA UTOPÍA ECUATORIANA

La palabra Utopía se constituyó, desde entonces, en sinónimo de sueño inalcanzable; y la persona que pugnaba por cambiar radicalmente la situación existente fue calificado de utópico. Los defensores del statu quo vieron utopías en todas las propuestas de cambios revolucionarios como los que ahora se producen en Ecuador y en buena parte de Nuestra América.
Gabriela Rivadeneira pasó revista a todos aquellos planteamientos realizados como programa político para la Constitución de Montecristi con las sentidas aspiraciones de los ecuatorianos que antes parecían ilusiones imposibles de alcanzar, tales como tener una Patria soberana libre del dictado imperial; democrática, con la integración del indio, el negro, el cholo, el montubio, sin discriminación; donde la mujer, el joven, en anciano y el discapacitado merezcan la atención especial del Estado.
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